viernes, 5 de marzo de 2010

Los SueÑos de Naipe.

Tras una temporada desorbitada de indudables catastróficas desdichas, se ha revelado en momentos este pequeño blogs. Puede que nunca pertenezca a nada relevante, puede tan solo que sea una parte de mí mismo, o una extensión del universo; pero si hay algo que el mundo necesita o por lo menos, algo que yo sí necesito, son los sueños y los deseos. Quizás por ello, esto empieza con la siguiente historia…

Los Sueños de Naipe.

Hace exactamente 26 años, en una tarde de invierno de una pequeña ciudad, comienza el sueño más profundo, y el deseo más atormentado que jamás pude comprobar a lo largo de mi vida.
En una casa en el cuarto piso del edificio de la calle República, justo el dormitorio de la ventana a cuadros azules, aquella que destacaba por su colorido en una fachada de color ámbar. Allí, bajo la oscuridad de una noche de invierno; quizás nos queda darle un toque de misticismo o algo de intriga, pero ya os podéis imaginar como era… una habitación lúgubre, con el inconfundible olor a humedad, el sonar de las gotas de lluvia precipitándose en las vidrieras, y un silencio aterrador. Se extendían sombras sobre el sofá, alternando con pequeños rayos de luz, provenientes de las parpadeantes farolas de la calle, y dibujando siluetas sobre el suelo, se podía reconocer a un joven que yacía dormido sobre la alfombra desgreñada por un gato despiadado.
Un estruendo despertó a nuestro durmiente, inquieto y desorientado abrió de un solo golpe sus aceitunados ojos verdes, poniendo sus manos en la cabeza; alborotando aún más su negro pelo. El joven que rondaría los 23 años se puso en pie, hizo un ademán de buscar algo, quizás sus zapatos o algún jersey, pero solo llegó a mirar por la ventana. Justo en ese instante, otro estruendo ensordecedor cubrió los tímpanos de Naipe y en ese instante ya no pudo hacer nada. Aquel edificio se desplomó como si fuese un castillo de barajas, piso tras piso y entre los escombros… quedó sepultado, sin apenas darse cuenta, sin poder saber que pasaba. Un joven de tan solo algo más de dos décadas, yacía sin vida, inerte, bajo las paredes de su morada.
Al día siguiente, pocos días después y tiempo más tarde, nadie sabia nada de Naipe. Nunca existió, o por lo menos jamás tuvo relevancia para nadie, sin embargo, los escombros permanecieron durante 24 años en el mismo lugar; por aquellas épocas no se preocupaban de rehacer y mantener un embellecimiento en la ciudad, y como fue una supuesta catástrofe, no había compradores que quisiesen aquellas tierras.
Sin embargo, no todo termina ahí, hace dos años, Justo en esta fecha, justo en la fecha del vigésimo sexto aniversario de la muerte del muchacho, alguien se acerco a los escombros, buscando entre piedras o paredes ya deshechas, algo con lo que pasar el tiempo, y entre varias piedras, una caja de madera, rota y carcomida por el tiempo y la adversidad de tantos años; una caja, que guardaba un secreto aún mayor. Una llave, en el fondo de aquello, y entre varios papeluchos cifras y unos recibos.
No obstante os estaréis preguntando… ¿quién ha estado hurgando entre los escombros? ¿ quién ha encontrado todo esto? No os desesperéis, esta historia tan solo, acaba de comenzar.

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